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| Los relojes en los antiguos edificios marcaban el ritmo del día |
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Blog de la novela La Casilla de Guadarrama. Las memorias originales, la investigación y mucho más. Partiendo de un testimonio real hablamos aquí de las huellas de la guerra civil en las diferentes localizaciones de la novela. Pero también de otras historias de origen familiar de la época en diferentes rincones de Alicante, Sevilla, Galicia o Ribadeo con las que quizá muchos encuentren puntos en común.
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| Los relojes en los antiguos edificios marcaban el ritmo del día |
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| El abuelo, a la sombra de un árbol, y yo |
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| Imagen aérea de Google Earth con marca de posición |
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| Recortes de hemeroteca de la época / Doc. de A.G.V. |
La escena dentro de la casilla era difícil de asimilar. Era grande, como un garaje, y diáfana. Con grandes vigas en el techo y unos diez metros de frente por treinta de fondo. Había un hombre con una bata blanca curando a un herido. Junto a él, una miliciana con un mono preguntaba al pobre soldado sus datos y los anotaba en una libreta. Los heridos gritaban. Uno pedía que le llevaran a morir a Madrid, otro que a Segovia, otros gritaban que no podían soportar el dolor.
El hotel Palace está en la Plaza de Cánovas del Castillo, haciendo esquina con Duque de Medinaceli. Al final de la calle se encuentra la iglesia de Medinaceli, en la Plaza de Jesús, donde estaba la imprenta Mercurio, el origen de nuestra historia. Pienso a veces que los protagonistas recorrerían esta calle una y otra vez a lo largo de la década de los 30. Asistirían quizá al bullicio generado por las fiestas, las exposiciones, las convenciones y todos los eventos allí celebrados.
Recientemente tuve la oportunidad de recorrer esta zona investigando algunos nombres y personajes aparecidos en las memorias de mi abuelo, para la novela que inspira este blog. Fue increíble caminar por delante de carnicerías, ultramarinos y comercios con solera como los de la calle Santa Isabel o el pasaje Doré. Llevaba una foto en la mano e hicimos algunas preguntas, pero la persona a la que seguíamos el rastro tendría hoy cien años y probablemente hace tiempo que se ha esfumado de allí. ![]() |
| Sanatorio abandonado en Cesuras (A Coruña) |
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| Plaza de Jesús (Madrid) |
Alberto, Silvia, Lourdes, Lucía, Ana, Pepa, Víctor, Enrique, Inma, Marta o María. Son solo algunos nombres de los muchos lectores que en los últimos meses me han ido haciendo llegar sus comentarios. La mejor noticia es que se han leído la novela de un tirón, en uno, dos o pocos días. Como lectora creo que la mejor virtud que puede tener un libro es engancharte hasta el punto de no poder soltarlo hasta el final.
Hoy he soñado con Luisa. Alguna voz dentro de mí me desvelaba su año de fallecimiento. ¿Será verdad o locura? Después de buscar su rastro en las cajas de fotografías familiares, de tratar de hallarla con solo un nombre propio y una escasísima referencia en los papeles que dejó mi abuelo. De buscarla por todos los puestos del Mercado de Antón Martín, donde su padre tuvo un negocio. De perseguir su fantasma por el viejo barrio de las letras. De buscar sus ojos en algún descendiente por la Plaza de Jesús, la iglesia de Medinaceli o la calle Atocha.Como en tantas novelas o películas célebres, donde las marcas forman parte de una vida y están ligadas a la propia experiencia, en la Casilla de Guadarrama hay nombres comerciales o de establecimientos que están presentes. Quizá porque el olfato es el sentido que mayor perdura en el tiempo, el aroma de la colonia Álvarez Gómez es lo que se le viene a la memoria a la protagonista tras perder a su abuela.
Poco después, entre las calles y tópicos ribadenses aparece con fuerza la churrería Linares, una institución que si bien no es de tiempos del abuelo de la protagonista, ha constituido también un referente para un par de generaciones. En invierno por el calor y el aroma del chocolate, y en verano por su terraza, antes ubicada en el Cantón y ahora en la plaza, frente a la iglesia de Sta. María del Campo.
De nuevo el sentido del gusto, en este caso con las pizzas. Los antihéroes de las novelas que leemos a veces comen comida rápida para entregarse a otras tareas que les apasionan. En las páginas de esta novela, la protagonista se pide una pizza de huevos rotos al Pizzbur, una referencia más actual pero del todo reconocible por los jóvenes de Ribadeo.
El butano, tan en la experiencia de generaciones cada vez menos actuales, las letras escritas de la Olivetti del abuelo de la protagonista, hoy objeto de museo pues las máquinas de escribir casi han pasado a la historia. O la coca-cola, esa universal bebida, evocan hábitos reconocibles para el lector en unos tiempos donde hay muchas cosas que van quedando ya solo en el recuerdo o en las páginas de los libros.
La protagonista y su animado amigo viajan en Alsa, compran en Madrid en el VIPS o usan un Work Center, establecimiento de referencia en la primera década del 2000. Reservar hoteles en la web Booking, viajar gracias a las ventajas de internet o tomar algo en el Museo del Jamón o por el Mercado de Antón Martín son otros tips que recuerdan al lector que las calles que recorrían estos semihéroes de leyenda son las mismas que aún tienen bajo sus pies.
Dublín es una ciudad joven, llena de grandes oportunidades para estudiantes, pero también para quienes inician su trayectoria profesional. Además de la alegría, el aperturismo y la música, en este lugar se respira tradición. Visitar lugares como Dublín Castle o St. Patrick, tomar algo en el Temple Bar, o recorrer las tétricas galerías de Kilmainham Gaol, son un buen plan para cualquier escapada.
Los protagonistas de nuestra novela se desplazan a Dublín siguiendo el rastro de un posible comprador para su viejo libro. Después de comer en el pub más antiguo de la ciudad, "The Brazen Head", y cerca del escalofriante cementerio de St. Michan, se acercan al escondido Powerscourt Townhouse.
Y es que esta pequeña ciudad tiene rincones increíbles. Sus habitantes pasean junto al lago al atardecer y ven ponerse el sol sobre las mismas aguas. Los restaurantes se afanan en atender a los pocos turistas que por allí se pueden ver, en casas que llevan en pie unos cuantos siglos. Sus fuentes, sus plazas, sus calles empedradas o el hotel Ochsen, un edificio del siglo XVI que realmente impresiona, son solo una pequeña parte de las experiencias que puedes vivir allí, como las vivieron nuestros protagonistas.
acoa. Veranos de estar con papá y mamá más tiempo que el resto del año.
En las páginas de "La Casilla de Guadarrama" aparece reflejada como la casa de los Queiruga. Estas cuatro paredes merecían una historia, aunque fuera de ficción y así lo reflejamos página a página dotando de varias dosis de misterio e intriga al asunto.
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El 4 de agosto de 1936 varios periódicos se hacen eco también de la evacuación que se está llevando a cabo de los enfermos debido al recrudecimiento de los bombardeos y batallas en el frente de Guadarrama. De ahí que mi abuelo, que estuvo allí solo unos días antes, dejara constancia de que parte de los enfermos habían sido llevados a Madrid y quedaban solo allí un reducido grupo. El resto, estaba ocupado por personal sanitario de la Cruz Roja y servía de apoyo a la actividad bélica en aquel frente, que era intensa.