En algún momento bastante reciente el tiempo se detuvo en estas instalaciones militares que hoy yacen vandalizadas por toda la costa noroeste. Las hemos visto en Cabo Sillero (Baiona), en el cerro de Santa Catalina (Gijón) o en distintos lugares de la ría de Ferrol. Pasadizos, castillos y fortalezas, antiguos barracones de cemento y hormigón. En algún momento de hace algo más de 30 años muchos de estos recintos abrieron sus barreras y quedaron al amparo de los curiosos.

En Punta Segaño las primeras edificaciones son del siglo XVIII. Es un lugar estratégico a 30 metros sobre el mar, que domina tanto la ría de Ferrol como la Pontedeume-Ares. Hay pasadizos bajo tierra para llegar a los puntos donde estaban los cañones. Muchos de ellos son difíciles de explorar sin una linterna.
En Cabo Prior está también otra base militar en la que el tiempo ha ido llenando de vegetación las antiguas cocinas, las habitaciones y las salas comunes, todas con sus chimeneas. Pero también en el Castillo de la Palma (Mugardos), el de San Felipe (Ferrol), Seixo Branco (Oleiros) o el Monte de San Pedro (A Coruña) puedes sentir el aliento de los militares allí destinados. Restos de armamento, algunas pintadas y mucho escombro que alguna vez estuvo lleno de vida.

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Yo, en la mili, estuve en alguna batería antiaérea y antinaval, y recuerdo que eran obras muy bien hechas, recuerdo que todavía se conservaban las marcas en la pared de los conductos de agua y electricidad, y aunque eran todo túneles bajo tierra no había filtraciones de agua ni siquiera de humedad, impresionante como trabajaban en aquellos tiempos con mmuy pocos medios.
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