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martes, 21 de julio de 2015

Aquellos veranos de novela

¿No añoráis los veranos de la infancia, sin nada que hacer, con horas y horas de aburrimiento...? Son veranos que no vuelven. Veranos de ver pasar las nubes. De nadar y saltar olas hasta que se te ponían los labios morados del frío. De callejear y deambular. De jugar con primos o vecinos. De tomar pipas sentados en un banco del parque. De pedirle bizcocho y helados a la abuela. De ver las estrellas, de leer en la cama y de dormir a pierna suelta hasta la mañana siguiente. Veranos con sabor a paella o barbacoa. Veranos de estar con papá y mamá más tiempo que el resto del año.

También eran veranos de leer tebeos, cómics o novelas de aventuras. Así, de un tirón, sin mirar el reloj que por aquel entonces pasaba lenta y aburridamente, solo guiándonos por la posición del sol sobre nuestras cabezas. Veranos de aprender y asentar tantas ideas. Dicen que aburrirse es importante para el desarrollo de los niños, ¿cuánto os habéis aburrido vosotros o cuántos juegos han salido de ese aburrimiento?

Si algo queda de mayores, entre la prisa que domina nuestros veranos, ya con el yugo del paso del tiempo sobre nuestros hombros, es ese placer en la lectura. En ratos pequeños, no ya de un tirón, hasta que se te durmieran los brazos. Con un ojo puesto en el juego de los niños, en los compromisos o en las obligaciones, y el otro en el libro. 

Novelas. Novelas que puedes por unos minutos sentir y hasta oler, como cuando eras niño. Novelas hechas de palabras, de miles de sugerentes conceptos y frases que van construyendo escalones bajo tu pedestal de conocimiento, para mirar allá fuera, alrededor de ti, de tu siempre pequeño mundo. Novelas hechas de historias que no son la tuya, son otra que enriquece y admira.

Historias. De esas que escuchabas en tu infancia. Cuando las tardes eran infinitas y las horas sabían a bocadillo de chocolate. Historias que te hicieron crecer y hoy puedes contar a otros. Historias que no mueren porque otras personas las recogerán algún día en alguna novela. Historias que te apartan por un momento, como cuando eras niño, de la tuya propia. Y cuando vuelves de ese maravilloso viaje, ya no eres la misma persona.

Así recogimos nosotros esta historia, y desde ella os deseamos un feliz verano lleno de novelas y de historias increíbles.


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