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miércoles, 7 de septiembre de 2016

El antiguo cuartel de los Docks (Daoiz y Velarde) en Madrid

Desde que leí en las memorias de mi abuelo, que estuvo destacado tres años en el cuartel de los Docks, justo hasta el comienzo de la guerra civil, tuve curiosidad por conocer este sitio. Aún pueden verse los antiguos barracones junto a la estación de Atocha, que hace ya más de una década fueron recuperados como espacio sociocultural y municipal. Recientemente tuve la oportunidad de recorrer este espacio. 

Arco con la fecha 1922 en el dintel / CDGF
 Y es que el 1 de julio de 1933 mi abuelo ingresó como soldado voluntario en el primer grupo de la primera comandancia de tropas de Sanidad Militar, en Madrid. Aquí más o menos parte la historia de la novela que inspira este blog y que la guerra civil trunca por la mitad, como las vidas de tantas personas de esta generación. Así lo describe él en sus memorias:

"Cuando llegué ante los muros de aquel viejo cuartel de los Docks, en la calle del Comercio esquina Pacífico (hoy Avenida de Barcelona), antes de cruzar aquella acerca gastada por las suelas de las botas de miles de centinelas durante cientos de años. Se me cayó el alma a los pies pensado que detrás de aquellos muros me esperaba otra vida solitaria, sucia y dura, donde a cambio de mi vida solo podrían darle a mi madre una medalla de latón"

Después relata sus dificultades para moverse en lo que era el Madrid de principios de siglo a través de tranvía, metro o andando, sin perderse y procediendo de un pueblo de apenas unos miles de habitantes. Pero como tantos jóvenes de la época en seguida se adaptó al ritmo de la capital y dejó de perderse y tener que fregar platos por llegar tarde al cuartel. 

Cicatrices en los muros del antiguo cuartel / CDGF
Antiguos barracones que hoy son polideportivo / CDGF
Mi abuelo relata el ambiente de aquellos días en sus idas y venidas dentro y fuera del cuartel como de una crispación muy grande en el plano político. La mayoría de los jefes eran de derechas y entre los soldados había bastante división. En la calle el ambiente iba más con las izquierdas y de hecho en las salidas del cuartel en un montón de ocasiones se topó con grupos que le rodeaban y pedían que gritara "viva Rusia" o les decían "ahí un día os vamos a quemar a todos". A medianoche muchas veces sonaba algún tiro contra la garita de vigilancia y luego se calmaba la situación. 

Tras la revolución de octubre del 34 la situación empeoró y mi abuelo escribe que no había pan ni leche, y los comercios no estaban abiertos. Así que la intendencia militar recibió la orden de fabricar pan día y noche para la población civil, hospitales, colegios, centros religiosos, etc. También se vendía pan a cualquier persona que venía a buscar para su familia o el vecindario. En esos días recibieron también el encargo de custodiar camiones que iban a llevar pan y víveres a barrios como Tetuán, Vallecas o Carabanchel

Algunas veces los soldados comían en una fonda llamada La Gijonesa, que había frente al Parque de Artillería. Después, caminaba hasta Atocha y luego a la Plaza de Jesús, donde se desarrolla otra buena parte de esta historia recogida en La Casilla de Guadarrama. Así, más o menos, pintaba mi abuelo el Madrid de los años 30 desde este rincón de Pacífico

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miércoles, 22 de junio de 2016

La lucha de trincheras en Guadarrama durante la Guerra Civil

Buscando datos sobre el batallón de Pontevedra que refiere mi abuelo en sus memorias, y que ocupaba el Alto del León en los inicios de la guerra civil española, he encontrado otro tesoro histórico. Esta vez ha sido en las páginas de La Voz, en su crónica del frente de Guadarrama el 27 de julio de 1936. 

Restos de trincheras / M.L.
El relato, con ese aire de gesta tan de periodismo de principios de siglo, narra la deserción de un soldado del Ligero de Artillería de Valladolid que se pasó al bando republicano. Lo firma un tal "José Luis Moreno", enviado especial al Alto del León. Desconozco cómo habría logrado el periodista coronar esta cumbre, teniendo en cuenta que era un polvorín que estuvo en esos últimos días de julio en manos de los republicanos y de los nacionales, pero con más predominancia de estos segundos. 

El redactor cuenta que subió a la Sierra sin más obstáculo que los puestos donde estaban destacados algunos milicianos que les pedían la consigna. Precisamente ese día 26 de julio fue cuando mi abuelo consiguió subir desde el antiguo Sanatorio de Tablada hasta la Casilla de la Muerte, en una camioneta con un conductor y otro militar de Sanidad, pero ambos acabaron tiroteados en la cuneta, el vehículo volcado y mi abuelo salvó la vida milagrosamente al rodar ladera abajo.

El periódico cuenta que esa tarde una columna mandada por un comandante "estableció contacto en plena sierra con los rebeldes. Aseguran que, peleando a unos veinte metros de distancia de los traidores, les intimaron en nombre del gobierno de la República a que se rindieran (...) la respuesta fue una franca huída".
El relato recoge a un ejército nacional desanimado y cuya aviación tiraba octavillas desde una avioneta negra indicando que la columna de Mola avanzaba y su llegada era inminente.

Aspecto actual del Alto del León
El periodista entrevista a un soldado de nombre Ricardo Gómez Esteban que afirma ser de la columna facciosa y que vino desde Valladolid. Este hombre afirma algo que me llamó bastante la atención, pues indica que el 23-24 de julio tropas de Salamanca y Plasencia partieron hacia Guadarrama. El sábado 25 de julio llegaron al Alto del León y comenzó el bombardeo. En esos días mi abuelo narra que los disparos eran constantes, de hecho, él fue condecorado por subir a la azotea del hospital Hispanoamericano y poner una bandera blanca con una cruz atada al pararrayos, acto en el que resultó herido pero le valió un ascenso. 

En esos días la crónica narra que sigue el avance de los republicanos dirigidos por el general Riquelme, con apoyo de la aviación, logrando avanzar y que los nacionales abandonen varias de sus posiciones. Se citan en concreto los combates desde el entorno de Collado Mediano. Después la crónica se desplaza hacia Somosierra haciendo referencia a la visita al frente de Dolores Ibarruri y Largo Caballero, además de otros diputados socialistas que se unieron a la lucha en la zona.

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martes, 15 de marzo de 2016

Aquellos viejos baúles

Seguro que en algún rincón de la casa de los abuelos, o en lugares de ambientación histórica habéis visto cómo eran los viejos baúles y maletas. A mí siempre me han llamado muchísimo la atención. De pequeña pensaba que se podrían encontrar allí viejos tesoros, porque además nunca te dejaban revolver en ellos. Crecí intrigada por lo que esconderían pero lo cierto es que hasta que pude bucear un poco en ellos, buscando la historia de mis antepasados, no valoré bien su importancia.

Los de la foto puedes verlos en Berlín, en una recreación de una vieja fábrica de maletas expuesta en el Museo de la Tecnología. Ahora que viajamos con bolsas de tela o maletas de ruedas nada queda en su interior, pero antiguamente la gente se mudaba de casa con aquellos pesados baúles llenos con sus pertenencias, y luego quedaban allí, en algún rincón de la casa familiar al alcance de curiosos y extraños.

En La Casilla de Guadarrama hablamos de estos viejos baúles y lo que puedes encontrar en ellos, como la propia historia que relata la novela. Allí quedaron las memorias escritas de mi abuelo sobre sus vivencias en los primeros días de la guerra. Y allí quedó su viejo uniforme militar y sus medallas, tristemente ganadas, tras arriesgar su vida y dejarse la salud por el camino. Aquellas memorias conducían a Guadarrama y también formaron parte del elenco de batallas que escuchamos a la generación que vivió la guerra, cuyo murmullo casi está ya apagado.

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lunes, 7 de marzo de 2016

El atraco del estanco de la Plaza de Jesús

Muchas veces durante los meses de investigación y escritura de la novela La Casilla de Guadarrama me he detenido a pensar cómo sería aquella tranquila calle en los años 30. El hotel Palace, del que ya hemos hablado aquí, la cerería de la que tanto se habla en la novela, la iglesia de Medinaceli y su historia o la vieja imprenta de la que solo queda el local, hoy dedicado a otro uso comercial. 

La pequeña Plaza de Jesús sigue siendo un rincón tranquilo que duerme en el Madrid Antiguo, así que hemos buceado algo en la hemeroteca para encontrar un suceso de pocos meses antes de la guerra. En los tiempos en los que el periodismo se hacía con pluma y libreta, a golpe de suela y teléfono de los antiguos, el periódico El Siglo Futuro se hace eco de otro "atraco escandaloso". Nos queda la duda de cuál fue el escándalo del robo, o si eran tiempos bastante convulsos como parece que sí lo eran. 

La comunidad de la Plaza de Jesús se ve sobresaltada por el atraco que tiene lugar en el estanco ubicado en el número 5 de la calle, muy cerca de la imprenta en la que trabajaban nuestros protagonistas y donde se inicia la acción de la novela. Un hombre pide una cajetilla de tabaco y, al darse la vuelta el dependiente, le encañona pidiéndole todo el dinero de la caja registradora. 

El atracador se llevó 300 pesetas, y fue visto huyendo en dirección a la calle de las Huertas, por Lope de Vega, pero lo cierto es que nadie logró alcanzarle y se salió con su propósito. Al parecer una pareja de servicio por la zona del Hotel Palace hizo averiguaciones sin conseguir dar con el ladrón. 

Mi hallazgo fue simplemente encontrar un episodio de la vida cotidiana en este pequeño rincón del barrio de las letras de Madrid. También, averiguar que al parecer junto a la imprenta Mercurio hubo un estanco, y siendo mi abuelo y su hermano fumadores hay que pensar que serían asiduos del local regentado por Ángel Andía, según recoge la información relatada anteriormente por el periódico El Siglo Futuro, y publicada el 10 de febrero de 1936.

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jueves, 11 de febrero de 2016

El Cristo de Medinaceli y la guerra civil

Rebuscando en la historia familiar me encontré frente a la Basílica de Medinaceli, en la madrileña Plaza de Jesús. Imaginé sus sótanos llenos de libros de registro de bautismos, confirmaciones, matrimonios, etc. Supe que quizá mis antepasados hubieran pisado aquellas baldosas ajedrezadas en unas cuantas ocasiones. E indagué en su historia durante los años 30, coincidiendo con la guerra civil. 

El capítulo entra por derecho propio en esta historia que se narra en la novela La Casilla de Guadarrama. Incluyendo el episodio del Cristo de Medinaceli, que tanta devoción popular suscita y es visitada por cientos de personas cada viernes, y la ocupación del templo por el batallón de Margarita Nelken, en los inicios de la guerra civil.

La basilica se consagró en el año 1930, por Don Leopoldo Eijo Garay. Y el Cristo, de autor desconocido y que data del siglo XVII, fue llevado al extranjero para preservarlo, volviendo de nuevo al templo en mayo de 1939, procedente de Ginebra. 

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miércoles, 11 de noviembre de 2015

Madrid años 30: el antiguo Hospital de la Princesa

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Las memorias que dejó mi abuelo y en las que se inspiran la novela "La Casilla de Guadarrama" y este blog hablan bastante del hospital de la Princesa. Allí ingresó su hermano Manolo, el joven que aparece en la portada del libro, y allí fue tratado de la tuberculosis que padecía.

Sabemos que actualmente es hospital universitario perteneciente a la Comunidad de Madrid y se encuentra en el Barrio de Salamanca ¿pero dónde estaba el hospital de la princesa en 1936?

Imagen aérea de Google Earth con marca de posición
El hospital fue inaugurado a las diez de la mañana del 24 de abril de 1857 en el Paseo de Areneros, hoy calle de Alberto Aguilera. Se construyó en memoria de la Infanta Isabel ("la chata") tras haber salido ilesa junto con su madre de un atentado años antes. La apertura oficial de este centro no estuvo exenta de polémica, ya que la prensa de la época recoge el malestar de algunas personalidades relevantes que contribuyeron a su creación y no fueron invitadas al evento, así como comentarios a pie de calle de ciudadanos que apenas pudieron ver nada de la ceremonia después de haberse sostenido la obra con fondos públicos. Así lo recogen el diario Crónica Hispano-americana y La Iberia.

También recoge el diario La España, el 12 de mayo de 1857, el reparto que hizo la reina de donativos con motivo de esta inauguración, por un total de 20.000 reales. La administración de los mismos corrió a cargo de Sor Francisca Moriones, superiora de las H
ermanas de la Caridad, que atendían el centro, y que fue rigurosamente asignado a solteros, viudas, huérfanos, enfermos con hijos a cargo, etc.

Aunque en sus orígenes no fue gratuito totalmente sino que se le asignaba una pequeña aportación a cada enfermo, según recoge detalladamente la web Fotomadrid, en 1931 se publica una orden firmada por Maura en la que se establece para este hospital el nuevo nombre de Hospital de la Beneficencia General.

Durante la guerra civil fue trasladado al Colegio del Pilar bajo el nombre de Hospital Nacional de Cirugía, pues el inmueble fue usado como cuartel republicano. En esta etapa se destruyeron los archivos del centro, y con ellos el expediente de nuestro protagonista Manolo. Mucho he rastreado las memorias de mi abuelo en busca de más datos de esta historia, pero poco más he encontrado que lo que podéis leer en la novela y también los episodios que relatamos en el blog.